— Esa ave es el cabecita negra andino (nombre inventado, no existe tal ave, o quizá sí, no sé).
— Te equivocás, ese el cabecita negra de una ceja. El andino tiene la ceja gris, este las tiene negras.
Es un diálogo inventado, esas aves no existen. O quizá sí, no sé. Los nombres de las aves (y de cualquier otra especie de organismo) suelen generar este tipo de confusiones. Y es probable que el cabecita negra andino y el cabecita negra de una ceja sean la misma especie, porque una diferencia de color en un puñado de plumas no basta para separar especies.
La confusión que generan los nombres vulgares, o vernáculos, deriva de que estos varían entre localidades, entre idiomas, e incluso entre personas o en la misma comunidad en tiempos distintos.
Para evitar esto, y asignarle a cada especie un nombre único y válido internacionalmente (sí, ninguna especie en el mundo puede tener el mismo nombre), es que se utilizan los nombres científicos, compuestos por un par de palabras en latín, a veces impronunciables.
La asignación de nombres científicos a las especies sigue las normas del sistema de nomenclatura binomial, un sistema estandarizado por Lineo en 1753. Antes de él, el sistema se había utilizado, pero Lineo publicó una extenso catálogo de plantas, asignándole nombres con este sistema. La publicación de Species plantarum se toma como punto de partida del sistema binomial.
En el siglo XVII, el latín era el idioma de la ciencia, y fue el que adoptó Lineo para su nomenclatura. Desde ese momento, cada especie descripta recibió su nombre de acuerdo a esas normas, por lo que cambiarlo es impensable. Habría que renombrar un puñado de millones de especies con las nuevas reglas. Imposible, una cosa así rompería uno de los cimientos de la biología moderna.
El binomio
Los nombres científicos siempre tienen 2 palabras, algunos pueden tener más pero nunca menos. Por eso es un binomio.
La primera palabra va en mayúsculas y es un sustantivo, es el nombre del género al que pertenece la especie. Es el nombre genérico.
La segunda palabra va en minúscula y es un adjetivo y es el nombre de la especie a la que pertenece el organismo. Esta palabra se llama epíteto especifico. Es un adjetivo, concuerda en género y número con el nombre genérico según las reglas gramaticales del latín.
El nombre genérico puede abreviarse con su inicial en mayúscula seguida de punto y el nombre de la especie, siempre que se haya mencionado previamente el nombre completo del género o el contexto de uso no dé lugar a confusión sobre el nombre del género. Por ejemplo, Ardea alba, la garza blanca, puede escribirse como A. alba siempre que ya esté claro que estamos hablando del género Ardea.
El epiteto especifico no se puede abreviar y siempre debe estar acompañado por su nombre genérico. Si lo presentamos solo, pierde todo su sentido. Varias especies pueden tener el mismo epiteto especifico. Alba significa blanca, y hay miles de especies con este nombre especifico. Si no decimos que nos referimos a A. alba, es lo mismo que nada.
El binomio siempre debe ir escrito en cursiva o subrayado si es manúscrito. No se anteponen artículos al nombre, «la A. alba» está mal, por más que el artículo «la» concuerde con el género femenimo de «Ardea». Sí podemos anteponer artículos a los nombres vulgares, pero los binomios se tratan gramaticalmente como nombres propios.
El binomio suele ir acompañado de un apellido y una fecha. El apellido es el del primero que describió la especie, y quien tiene derecho a ponerle nombre y la fecha corresponde a la primera descripción de la especie. Siguiendo con el ejemplo de la garza blanca, el nombre puede escribirse como Ardea alba (Linneaus, 1758), lo que significa que la garza blanca fue descripta por el mismo Lineo en 1758.
Los nombres de los géneros pueden aparecer junto a dos abreviaciones: sp. y spp. Sp. es «especie» y spp. es «especies». Sp se usa para indicar que el epiteto de la especie es desconocido, pero se refiere a una especie en particular. Spp se usa para indicar que se refiere a varias especies del género indicado, cuyos nombres específicos son desconocidos. Por ejemplo, Ardea sp. hace referencia a una única especie de este género que no sabemos cómo se llama, mientras que Ardea spp. se refiere a varias especies del género. En la actualidad, el genero Ardea comprende 14 especies.
Los nombres científicos permiten una comunicación precisa sobre una especie específica, independientemente del idioma o la región. A la hora de buscar información sobre la especie, es necesario hacer la búsqueda por su nombre científico, ya que toda la información científica disponible sobre la especie está etiquetada con este nombre.