Avistaje de aves en mendiolaza
En el barrio El Talar, de la localidad de Mendiolaza, hay un interesante parche de bosque nativo bien conservado, que paradójicamente fue una zona afectada por un basural que fue clausurado y remediado en 2019 y hoy se pueden encontrar allí una buena parte de las especies comunes de las sierras chicas.
Desde las llanuras del este, a medida que las sierras ganan altura, se suceden una serie de ambientes, cada uno con una comunidad vegetal distinta y característica.
En esta parte del piedemonte oriental de las sierras chicas estamos a 600 metros sobre el nivel del mar, apenas un poco más arriba que en Córdoba, a 490 metros. A esta altura ya podemos encontrar el bosque de la ecorregión del chaco serrano, que ha comenzado a aparecer en el oeste cordobés, y aunque en Córdoba el bosque nativo está severamente degradado, puede verse algo de este incipiente bosque chaqueño serrano en algunas partes de la Reserva urbana natural San Martín.
Como en casi todas las zonas serranas colindantes con áreas urbanizadas, los siempreverdes han ganado terreno sobre la vegetación nativa. Al entrar desde el barrio, hay que atravesar una zona de bosque casi puro de siempreverde (Ligustrum lucidum). Los bosques en lo que una especie vegetal es indiscutiblemente dominante y hasta omnipresente se conocen como bosques monoespecíficos, y estamos en uno.
Pocas plantas pueden crecer a la sombra de los siempreverdes, que al estar tan cerca uno de otro sus copas forman una cobertura continua que ensombrece el suelo. El silencio, tan extraño en los bosques nativos en el verano, con el incansable chirrido de las chicharras y el parloteo matutino de las aves, es el reflejo de ese sotobosque en penumbras y de una bajísima diversidad de especies.
El ocasional arrullo de las palomas es uno de los pocos sonidos que rompen la monotonía del siempreverdal. A otros que les va bien en los siempreverdes es a los carpinteros (Colaptes melanochloros), que podemos verlos merodeando en las copas, algunos hongos de repisa en los troncos de los árboles y algunos invertebrados, pero no mucho más que eso.
Dejando atrás aquel bosque, entramos en uno más tupido, pero no tan alto.
Los árboles más altos son quebrachos y algarrobos y, aunque son más altos que los siempreverdes, no están tan apretados entre ellos, por lo que el dosel aquí es discontinuo y permiten que la luz llegue hasta el suelo. Los estratos herbáceo y arbustivo están plenamente desarrollados aquí.
Este bosquecito no es muy grande, apenas unas decenas de hectáreas. Un tamaño que no es suficiente para las especies grandes de las sierras, sobre todo de mamíferos. Algunas especies más adaptables a los entornos disturbados y urbanizados están presentes. Durante la caminata pude ver un zorro colorado y cuises. Descontando gatos, perros y humanos, fueron los únicos mamíferos que logré ver.
En esta zona podemos encontrar varias de las especies comunes de las sierras chicas, y algunas no tan comunes, que las he visto por primera vez en este sitio, como el benteveo rayado (Myiodynastes maculatus), un visitante estival de estas latitudes.
Al atardecer, apareció otra especie que no hubiera esperado encontrar aquí, aunque ya sabía que estaban por sus estridentes vocalizaciones. Un grupo de charatas (Ortalis canicollis) de las que logré ver a dos acomodándose en un algarrobo para pasar la noche. Es una de las aves más grandes y ruidosas que podemos encontrar en el bosque serrano.
El parche de bosque colinda con el predio que fue ocupado por el basural. Por el lugar, hora merodean algunos caballos.
En el predio del ex basural crece una comunidad vegetal herbácea.
Algunos espinillos están comenzando a crecer, pero son pocos y dispersos. Los más grandes no llegan ni a la cintura. En este lugar abierto, muy parecido a un pastizal, me llamó la atención la cantidad de tijeretas (Tyrannus savana); un ave que prefiere espacios abiertos y no se mete al bosque.
Los caballos, con su ramoneo, controlan el crecimiento de los pastos, manteniendo la diversidad de especies de estos ambientes. De lo contrario, sin herbívoros, los pastizales se vuelven comunidades monoespecíficas dominadas por poáceas (pastos). La dominancia de una especie o un pequeño grupo conlleva una pérdida de biodiversidad porque el paisaje se vuelve homogéneo, como ocurre en el último piso de vegetación de las sierras que son los pastizales de altura.
La eliminación del bosque primero, al instalarse el basural, y el control del crecimiento de los pastos que ejercen los caballos permite que exista un área más abierta y despejada, donde pueden habitar otras especies que no se encuentran a gusto en el bosque.
En cada uno de estos ambientes un elenco distinto de especies encuentra su hogar y la heterogeneidad contribuye al aumento de la diversidad de todo el parche.
En cinco años, este bosquecito se ha transformado de una zona degradada por el basural al hogar de una diversidad mayor de la que me hubiera esperado encontrar, incluso cobijando a algunas especies consideradas poco afines a vivir en bosques degradados. Si bien el bosque nunca fue arrasado por completo, salvo en el espacio que ocupó el basural, las actividades de vertido de basura y la dispersión de contaminantes seguramente afectaron a todo el entorno.
En las imágenes satelitales, se ve que el basural alcanzó su máxima extensión a mediados de 2018. Esto degradó severamente el suelo y el bosque circundante.
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