— Esa ave es el «cabecita negra andino».
— Te equivocás, ese el «cabecita negra de una ceja». El andino tiene la ceja gris, este las tiene negras.
Es un diálogo inventado, esas aves no existen. O quizá sí, no sé. Lo que sí sé es que esta es una de esas discusiones que parecen no tener fin entre los aficionados a las aves, y de casi cualquier otro ser vivo: las especies tienen decenas de nombres.
La solución a este problema es el sistema binomial: los nombres científicos. Suenan impronunciables, pero aseguran que cada nombre corresponda a una única especie en todo el mundo. Los nombres de las aves (y de cualquier otra especie de organismo) suelen generar este tipo de confusiones. Y es probable que el cabecita negra andino y el cabecita negra de una ceja sean la misma especie, porque una diferencia leve de color en un puñado de plumas no basta para separar especies.
La imagen que ilustra el artículo es un carpintero pitío, carpintero patagónico o carpintero chileno, Colaptes pitius, fotografiado en el sendero a Laguna Torre, en El Chaltén.
El caos de los nombres vulgares
Los nombres vulgares, o vernáculos, varían entre localidades, entre idiomas, e incluso entre personas o en la misma comunidad en tiempos distintos. La confusión con los nombres vulgares es el primer obstáculo de todo aficionado. En esta guía vamos a desmitificar el latín para que hables el idioma universal de la ornitología.
Para evitar esto, y asignarle a cada especie un nombre único y válido internacionalmente (sí, ninguna especie en el mundo puede tener el mismo nombre), es que se utilizan los nombres científicos, compuestos por un par de palabras en latín, a veces impronunciables.
La asignación de nombres científicos a las especies sigue las normas del sistema de nomenclatura binomial, un sistema estandarizado por Lineo en 1753. Antes de él, el sistema se había utilizado, pero Lineo publicó una extenso catálogo de plantas, asignándole nombres con este sistema. La publicación de Species plantarum se toma como punto de partida del sistema binomial.
En el siglo XVII, el latín era el idioma de la ciencia, y fue el que adoptó Lineo para su nomenclatura. Desde ese momento, cada especie descripta recibió su nombre de acuerdo a esas normas, por lo que cambiarlo es impensable. Habría que renombrar un puñado de millones de especies con las nuevas reglas. Imposible, una cosa así rompería uno de los cimientos de la biología moderna.
Tomemos como ejemplo el nombre de la garcita blanca, una garza pequeña muy común en el centro de Argentina: Egretta thula. Esta garza puede llamarse también garceta pie dorado, garceta nívea, garza blanca chica, esto si contamos solo algunos nombres de la especie en español, pero dado quehabita en gran parte de América, también tiene nombres en portugués y en inglés.
El binomio: el «DNI» de cada especie
Los nombres científicos siempre tienen 2 palabras, algunos pueden tener más pero nunca menos. Por eso es un binomio. Ambas palabras están en latín, porque era el idioma de la ciencia cuando se propusó el sistema.
La primera palabra es el nombre del género al que pertenece la especie, va en mayúsculas y es un sustantivo. Se denomina «nombre genérico».
La segunda palabra es el nombre de la especie a la que pertenece el organismo. Esta palabra se llama epíteto específico. Es un adjetivo, concuerda en género y número con el nombre genérico según las reglas gramaticales del latín y se escribe siempre en minúscula.
Reglas para escribirlos
- Siempre en cursiva: el binomio siempre debe ir escrito en cursiva o subrayado si es manuscrito.
- Es un nombre propio y como tal, no se anteponen artículos al nombre, «la Egretta thula» está mal, por más que el artículo «la» concuerde con el género femenino de «Egretta«. Sí podemos anteponer artículos a los nombres vulgares, pero los binomios se tratan gramaticalmente como nombres propios.
- El nombre genérico puede abreviarse con su inicial en mayúscula seguida de punto y el nombre de la especie, siempre que se haya mencionado previamente el nombre completo del género o el contexto de uso no dé lugar a confundirlo con otro género con la misma inicial. Egretta thula puede escribirse como E. thula siempre que ya esté claro que estamos hablando de garzas y no de camalotes (género Eichornia, la camalote es E. crassipes).
- El epíteto especifico no se puede abreviar y siempre debe estar acompañado por su nombre genérico. Si lo presentamos solo, pierde todo su sentido porque varias especies pueden tener el mismo epíteto especifico y algunos epítetos son bastante comunes.
Abreviaturas comunes en las guias de campo
A veces, los nombres van acompañados de algunas abreviaturas, que vale la pena conocer porque son informativas.
Sp. y Spp.
Los nombres de los géneros pueden aparecer junto a dos abreviaciones: sp. y spp.
- Sp. es «especie», se usa para indicar que el epíteto de la especie es desconocido, o se trata de una especie aún no descripta pero se refiere a una especie en particular.
- Spp. es «especies». Se usa para indicar que se refiere a varias especies de ese género, cuyos nombres específicos son desconocidos.
Egretta sp. hace referencia a una única especie de este género que no sabemos cómo se llama, mientras que Egretta spp. se refiere a varias especies del género. En la actualidad, el género Egretta comprende 12 especies. Podemos abreviar aún más si estamos apurados: E. sp o E. spp.
También suele aparecer un apellido y una fecha. El apellido es el del primero que describió la especie y la fecha indica cuándo se publicó esa descripción. Así, E. thula (Molina, 1782), significa que la especie fue descripta por primera vez por Juan Ignacio Molina en 1782

Cómo buscar información científica con los nombres científicos
Los nombres científicos permiten una comunicación precisa sobre una especie específica, independientemente del idioma o la región, el sistema está diseñado de tal manera que solo una especie en el mundo (sea planta o animal) tenga ese nombre, por lo tanto, es la única manera de encontrar información precisa sobre esa especie.
En las guías de campo, es común que la ficha presente el nombre científico como un nombre «accesorio», pero la realidad científica es que esté es el único «nombre oficial» de la especie, y toda la información científica disponible sobre la especie está bajo ese nombre. Lo cual hace necesario entenderlos.
Llevá tu observación al siguiente nivel con Biota Sur
Entender la lógica de los nombres científicos es el primer paso para dejar de ser un observador ocasional y convertirte en un especialista en campo en aves. Sin embargo, la ornitología es mucho más que etiquetas en latín.
Para que puedas dar ese salto, diseñamos el Curso Online de Iniciación a la Ornitología, un programa donde combinamos el rigor científico con técnicas de observación e identificación en el campo.
¿Qué vas a aprender en esta formación?
- Identificación: técnicas para identificar aves por su forma en el campo y uso de guías de campo.
- Ciencia y Conservación: ciencia ciudadana, conservación, ecología y evolución de las aves.
- Ética y Equipo: código de ética del avistaje, instrumentos de observación y guías de campo ((en papel y en apps).
Sumate a la lista de espera
Te enterás antes que nadie cuando esté disponible el curso y accedé a un descuento exclusivo de prelanzamiento




