Los Esteros del Iberá son el sistema de humedales más extenso de Argentina y uno de los más importantes de Sudamérica. Entre 2020 y 2023, el noreste argentino atravesó una de las sequías más severas de las últimas tres décadas, con consecuencias visibles: cuerpos de agua que retrocedieron, pastizales que se secaron, fauna que perdió refugio y alimento.
El sistema está geomorfológicamente condicionado por el abanico aluvial del río Paraná: pendientes muy bajas con un drenaje lento. El agua de las lluvias se acumula en esta «planicie ondulada», que es en realidad la cicatriz que dejó el Paraná cuando corría por esta región. El sistema no recibe agua de ningún río, y podría decirse, que todo en el Iberá vive al ritmo de las lluvias.
¿Cómo responderá un sistema orquestado por el agua a la carencia? ¿Cuánto cambió el paisaje exactamente durante la sequía? ¿Qué sectores del sistema se vieron más afectados?

Estas preguntas no se pueden responder caminando el terreno, porque la escala del problema no solo es geográficamente inmensa, sino que también hay que «ver» lo que pasó en varios años seguidos. Los esteros cubren aproximadamente 183.500 ha. considerando solo la superficie protegida por el Parque Nacional y la Reserva Nacional Iberá, una extensión que supera lo que cualquier recorrida de campo puede abarcar con recursos limitados.
Ahí es donde entra el monitoreo ambiental por teledetección.
Se evaluó el impacto de la sequía sobre la Laguna Iberá, una de las lagunas más conocidas, que es la que está al lado de Colonia Carlos Pellegrini, uno de los portales más concurridos del Iberá. Antes del Parque Nacional, uno de los primeros hitos de conservación del Iberá fue la declaración de la Laguna Iberá como Sitio Ramsar, una red de sitios de importancia internacional para la conservación de avifauna.
El objetivo no era solo describir el cambio, sino construir una línea de tiempo que permitiera observar cómo respondió la vegetación a la disponibilidad de agua, y qué tan vulnerable es este ecosistema frente a eventos climáticos extremos.
Alcance territorial y temporal
El área de estudio es la Laguna Iberá y su entorno inmediato, ubicados en la provincia de Corrientes, Argentina, en la la localidad de Colonia Carlos Pellegrini.
El análisis cubrió el período enero 2019 – julio 2023, con capturas en dos momentos clave de cada año: enero, que representa el pico de recuperación tras la estación seca, y junio, que refleja los primeros efectos del déficit hídrico estacional.
Metodología y stack tecnológico
La herramienta central del análisis fue la variación del índice NDV (Normalized Difference Vegetation Index), un índice espectral calculado a partir de la forma en que la vegetación absorbe y refleja la luz. La vegetación sana y vigorosa refleja la luz que recibe del sol (y la luz que el satélite puede «ver») de una forma particular. Cuando una planta está estresada, seca, o muerta, esa firma de reflectancia cambia y el satélite lo detecta. El índice lo traduce en un número.
Valores altos de NDVI indican vegetación densa y en buen estado: sabanas inundables, bosques en galería, pastizales verdes. Valores bajos o negativos corresponden a suelo desnudo, vegetación seca, agua, o en algunos casos, floraciones algales sobre la superficie del cuerpo lacustre o pastizales «degradados».
Fuente de datos: bandas B4 y B8 de Sentinel 2, con un nivel de procesamiento L2A (nivel de análisis científicos) y datos pluviométricos y de nivel de la laguna de la Estación meteorológica Carlos Pellegrini.
Stack tecnológico: QGIS, Sentinel-2, R y R-Studio
Proceso de clasificación: A partir de la distribución estadística del NDVI en enero de 2023 como punto de referencia, se definieron cuatro clases de cobertura:*
*La referencia del año 2023 es arbitraria, podría haber sido cualquiera, pero sirve para comparar con la misma vara todos los años. Para cada uno de los diez momentos analizados se calculó la superficie cubierta por cada clase, lo que permitió construir una serie histórica cuantitativa del estado del ecosistema.
| Clase | Rango NDVI | Significado |
|---|---|---|
| 1 | -1 a 0 | Agua libre |
| 2 | 0 a 0,4 | Vegetación seca / bloom algal |
| 3 | 0,4 a 0,6 | Pastizal verde / cultivo activo |
| 4 | 0,6 a 1 | Sabana inundable / bosque |



Conclusiones
El 2019 muestra el comportamiento esperable de un humedal saludable: vegetación densa en verano, con una transición a pastizales secos en invierno.
Esto es lo que se espera de un ambiente de sabana inundable con un ciclo estacional con una estación húmeda (verano) y una estación seca (invierno).
En enero del 2022 —que debería ser el momento de mayor verdor— la cobertura vegetal de alta densidad cayó de forma abrupta: los pastizales ribereños perdieron terreno frente a los pastizales más secos; y solo se mantuvieron cerca del agua. Las áreas agrícolas al sur de la laguna aparecen dominadas por pastizales secos.
Ni siquiera la temporada húmeda del verano 2023 logró revertir esa tendencia.
Un detalle particularmente revelador: en junio de 2020, enero de 2021 y junio de 2023 aparecieron valores de NDVI bajos dentro del cuerpo lacustre.
El NDVI en el agua debería ser bajo, porque el NDVI detecta clorofila. Siempre hay clorofila en el agua (por la presencia de microrganismos fotosintéticos, pero los valores normales del agua son cercanos a cero).
Esto no es vegetación terrestre, es la señal de floraciones algales o vegetación palustre flotante que colonizó la superficie cuando la laguna bajó su nivel y la columna de agua se volvió más superficial y nutricionalmente concentrada. Es un proceso de eutrofización, no por un ingreso masivo de contaminación al agua, sino por somerización de la laguna.
Es decir, el satélite no solo midió cuánta vegetación había alrededor: detectó cambios dentro del espejo de agua mismo. Desde luego que el uso de estas herramientas no reemplaza al trabajo de campaña. Siempre queda pendiente ir a ver para confirmar o no los datos que arroja el satélite. En el caso del Ibera, lo visité es 2016 y en 2023. Durante el 2023, las consecuencias de la sequía eran visibles, y coherentes con lo que pude ver meses después, cuando realicé este análisis.
¿Qué puede hacer este tipo de análisis por tu territorio?
El método aplicado en Iberá es escalable a cualquier área donde el estado de la vegetación o la disponibilidad hídrica sean variables críticas para la toma de decisiones: reservas privadas, campos ganaderos en zonas inundables, áreas bajo planes de manejo, o territorios con compromisos de conservación documentados.
Monitorear no es solo registrar lo que pasó. Es tener la información necesaria para anticipar, ajustar, y demostrar resultados. A través del satélite se puede mirar y analizar en 30 minutos lo que una cuadrilla de 10 hombres le llevaría días de trabajo de campo.
Mirá los servicios de monitoreo ambiental y de agricultura de precisión por teledetección.


